Principios Fundamentales

Una de las mayores características de “Le Droit Humain” (El Derecho Humano) reside en la voluntad humanista de sus fundadores. Desde el siglo XVIII, la Masonería evolucionó para responder a los objetivos de sus miembros, tanto en la vía iniciática, espiritual como en un enfoque humanista y social, incluso político. Pero nuestra Orden no es el fruto de una evolución, es una verdadera creación en la cual las estructuras y los ideales masónicos han sido puestos en marcha para promover los principios fundadores de esta nueva Obediencia.

Los Hnos Georges Martin y Maria Deraismes fundan “Le Droit Humain” (El Derecho Humano), para aplicar directamente los principios que propician su iniciativa: igualdad de los seres humanos, tolerancia real, que sólo puede basarse en la laicidad.
En 1920, La Orden Masónica Mixta Internacional “Le Droit Humain” (El Derecho Humano), fundada en 1901, adopta sus reglas definitivas con la Constitución internacional. Así es como se asientan los principios constitucionales a los que la Orden obedece. Compuesta en su mayoría de talleres, que trabajan con el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, “Le Droit Humain” (El Derecho Humano) adopta, tras haberlo adaptado, la práctica del Rito Inglés para poder responder a los principios de internacionalización de sus estatutos
En la declaración de principios, la Orden afirma la igualdad entre hombre y mujer, así como la continuidad iniciática. Los principios y el método de trabajo son los de las Grandes Constituciones Escocesas de 1786, revisadas en Lausana, en 1875. Se admite la libertad de creencia en la eternidad o la no eternidad de la vida espiritual.
La Orden Masónica Mixta Internacional proclama la igualdad intelectual, indiscutible de los Seres Humanos, el hombre y la mujer, y proclamando el “Derecho Humano”, quiere que puedan llegar a gozar en todo el mundo, de igual manera, de la Justicia social, dentro de un mundo organizado en Sociedades libres, fraternas y pacíficas.
Se compone de Masones de ambos sexos que fraternalmente unidos, sin distinción de razas, religiones, filosofías o ritos masónicos, edifican el Templo al Progreso de la Humanidad.
Sus adeptos, respetando todas las creencias relativas a la eternidad o la no eternidad de la vida espiritual, buscan realizar en la tierra, para todos los seres humanos, el máximo de desarrollo intelectual y de felicidad material y moral posibles para cada individúo en la humanidad fraternalmente organizada.
Otro principio esencial, el de la tolerancia, recibe en “Le Droit Humain” (El Derecho Humano), una aplicación totalmente original en materia de libertad de pensamiento. En efecto, la Masonería moderna, por su evolución, conoce una gran diversidad en cuanto a sus puntos de referencia espirituales. Desde sus orígenes, a principios del siglo XVIII, reconoce un principio creador, divino para unos, simbólico para otros, bajo el nombre de Gran Arquitecto del Universo. Un concepto estricto de la laicidad, en el contexto del duro enfrentamiento que llevó, en 1905, a la separación de la Iglesia y del Estado, supuso al Gran Oriente de Francia el abandono de la obligación de esta referencia, ya en 1877 (aquel año, la referencia al Gran Arquitecto del Universo será pura y simplemente suprimida de la Constitución del Gran Oriente de Francia). Hoy en día, algunas Obediencias ya no utilizan la advocación de este principio espiritual, otras la han mantenido y algunas le dan incluso un carácter divino. “Le Droit Humain” (El Derecho Humano), por su carácter internacional, tiene en su seno a todas las corrientes. Muy pronto, ha sabido adoptar una postura de tolerancia y de laicidad real, sin rechazar la referencia al principio espiritual del Gran Arquitecto del Universo, dejando sus talleres libres de suscribirse o no.

Nuestra Orden propone una ética basada en:

  • La autonomía de conciencia
  • La voluntad de practicar la fraternidad en un espíritu de igualdad, apertura a los otros, el escuchar y la comprensión.
  • La tolerancia que permita la expresión de todas las opiniones sinceras y desinteresadas.
  • La renovación como cuestión permanente, la honestidad consigo mismo, el libro examen, el espíritu crítico, el rechazo a todo dogma.
  • La apertura a ideas nuevas, en un espíritu de humanismo multicultural y universal.
  • La fe en el progreso y la perfectibilidad del ser humano.

La adhesión a estos valores, la aceptación del método iniciático y la práctica de la discreción, que es la condición de éxito, constituyen de hecho, los compromisos pedidos a todos los Franc-masones.

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