La Mujer en la Masonería Operativa

 



Una de las cuestiones más polémicas y apasionantes acerca de los masones operativos, constructores de catedrales, es la presencia o ausencia de la mujer en sus logias o talleres. Aunque está muy extendida la creencia de que la Masonería era una sociedad vedada a las mujeres y algunas obediencias, todavía hoy en día se atienen a esta tradición para evitar la presencia de mujeres y hombres en una misma logia, se debería revisar esa hipótesis.

Existen pruebas documentales que acreditan lo contrario: existieron mujeres en la Masonería Operativa al igual que hombres. Así, se puede revisar en los archivos y registros de la logia operativa de Mary’s Chapel en Edimburgo, en 1683, evidencias de que las viudas de los masones podían adoptar el papel denominado dama, es decir, el grado masónico de maestra.
Asimismo, en las Constituciones de los Francmasones fechadas en 1693, se afirma al explicar uno de los rituales de iniciación:

“Uno de los mayores sosteniendo el Libro y aquel o aquella que va a ser nombrado Masón, posarán sus manos sobre él, y el cargo le será otorgado”.

En el mismo documento existen otras referencias que mencionan, tanto a la dama como al maestro como denominaciones de un mismo grado. De esto parece poder colegirse que en la Edad Media existieron mujeres en las logias que desempeñaron el papel de maestras o damas, probablemente porque ante la muerte de un maestro su viuda asumía su responsabilidad con la colaboración de otros hermanos masones y de los aprendices.

Existe, además, otro aspecto poco conocido de estas primeras logias de masones operativos: su costumbre de aceptar a hombres ajenos al oficio y que fueran de reconocido prestigio e importancia social, a los que admitían como miembros aceptados o admitidos. Casos documentados hay muchos como el caso del Conde William Saint-Claire, constructor de la afamada Capilla de Rosslyn, en Escocia. Era muy frecuente la presencia de eclesiásticos, y era especialmente común que el abad que pagaba la construcción de una abadía pasara a formar parte de la logia, como miembro honorario. Esta manera de actuar era igualmente habitual con las abadesas, que eran incluidas de forma protocolaria en la correspondiente logia. Así se puede afirmar que no existe una tradición medieval entre los masones operativos que excluyera a la mujer de sus talleres y reuniones y, por tanto, no puede sustentarse la separación entre hombres y mujeres amparándose en los landmarks de la Masonería operativa, hacerlo es tergiversar la historia.

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